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EL BICENTENARIO Y LA IDIOSINCRASIA DEL PARAGUAYO

EL BICENTENARIO Y LA IDIOSINCRASIA DEL PARAGUAYO

Por David A. Galeano Olivera

Leer original (hacer clic) en: http://dgaleanolivera.wordpress.com/el-bicentenario-y-la-idiosincrasia-del-paraguayo/

 

 

1. INTRODUCCIÓN – MOÑEPYRÛ

En el BICENTENARIO DEL PARAGUAY – PARAGUAY MOKÔISA ARÝpe, valdría la pena mirarnos al espejo para saber quiénes somos y reconocer y apreciar nuestra identidad…

El diccionario define la palabra idiosincrasia como “manera de ser propia de una persona”, y adaptando esa expresión al título de este ensayo podríamos decir que “La idiosincrasia del Paraguayo”, consiste -por consiguiente- en la descripción de la “manera de ser propia del habitante del Paraguay”.

De hecho, todas las naciones de la tierra tienen una manera de ser propia de sus respectivos habitantes. Esa manera de ser propia incluye modelos culturales, como el idioma, la música, los refranes, los mitos, las leyendas, los cuentos, las creencias y las supersticiones, los juegos y pasatiempos, los usos y las costumbres, las fiestas populares y patronales, la vestimenta, la alimentación y las artesanías, entre otros. Muchos son los autores que coiciden en señalar una sinonimia entre idiosincrasia y cultura popular o folklórica; o idiosincrasia e identidad cultural.

De lo expuesto, podemos colegir que, definitivamente, existe una manera de ser propia del habitante del Paraguay, y de su análisis e interpretación se preocuparon varios estudiosos, entre ellos, el Dr. Helio Vera en su obra “En busca del hueso perdido (tratado de paraguayología)”; asímismo, el Monseñor Saro Vera en su libro “El paraguayo un hombre fuera de su mundo”; también, el Dr. Miguel Angel Pangrazio en su publicación “Arriéro porte”; e igualmente, el Dr. Aníbal Romero Sanabria en su ensayo “Mas paraguayo que la mandioca”. Cada uno de los mencionados analizó procurando interpretar la idiosincrancia del paraguayo, señalando ciertas maneras de ser propias que, como paraguayos, nos distinguen de los habitantes del “resto del mundo”. Los cuatro autores mencionados coinciden que alguna de las “virtudes” del paraguayo son, por ejemplo, el coraje, la audacia, el sentido del humor, el poder de observación, el ser sufrido, el ser -de acuerdo a las circustancias- ñembotavy o tova’atâ; el saber utilizar -siempre de acuerdo a la conveniencia- la ley del mbarete o el arandu ka’aty; y por último, el no poseer la noción del tiempo y demostrar, de cuando en cuando, la vocación de výro chúsko.

Pero, cuando decimos que uno de nosotros “se hace el ñembotavy” o que es un “výro chusco” nos enfrentamos a una realidad: nuestro doble orígen (Guarani – Español). Solo nosotros entendemos la expresión “se hace el” en castellano y la palabra “ñembotavy” del Guarani, en una misma oración; o la expresión “výro” del Guarani y la palabra “chusco” del castellano, en una misma frase. Este fenómeno nos ubica ante nuestra forma de ser “rova mokôi”. Es que en el paraguayo podriamos sintetizar la frase: “dos personas distintas (Guarani y Español) y un solo Dios verdadero”: el paraguayo. Es decir, en nosotros prevalecen simultáneamente dos culturas distintas pero materializadas en una misma persona. Por un lado, la cultura occidental (española) y por el otro lado, la cultura nativa (Guarani).

Como decíamos, por un lado, el paraguayo -hoy- forma parte del mundo occidental donde el ser humano debe “vivir para trabajar” y “vivir para tener”. Tan intensas son las revoluciones de la vida en ese mundo que prácticamente nadie piensa en el “vivir para ser”. Jornadas laborales y de estudios prolongadas, variedad de entretenimientos, y la cobertura de todo el tiempo disponible por la avalancha de “tentaciones” que ofrece la “sociedad de consumo”, a través de la televisión, las radioemisoras y los periódicos; han cooperado para la aparición del hombre material o más exactamente materialista u hombre occidental como algunos lo denominan. Es el hombre capaz de entretenerse viendo -desde el televisor de su casa- una guerra entre dos países o un partido de fútbol. Trabaja diariamente varias horas y tiene “compromisos delicados de último momento”. Es el hombre que padece a su vez patologías modernas como el surmenaje, el estrés o tiene hipertensión arterial. Es el hombre que no respeta ni conoce la naturaleza y mucho menos su propia estructura y funcionamiento corporal. Es incapaz de apreciar un hermoso amanecer o una bella flor. Se acuerda de Dios yendo a la iglesia pero mientras está ahí solo piensa en su trabajo, porque él solo tiene que “vivir para trabajar” y “vivir para tener”.

Pero, por el otro lado, el paraguayo tiene -en los más profundo de su ser, en su “karaku”- las maneras de ser propias de la sociedad Guarani cuyos miembros se esmeran en “vivir para ser”. Ellos saben que la vida terrenal es breve, y para ellos es un tránsito hacia la “tierra sin mal”; por consiguiente, nada es nuestro: ni la tierra, ni las plantas ni los animales. No son de nadie en particular pero están a disposición de todos, para su uso racional, ya que debemos heredarlos a nuestros descendientes y así sucesivamente. Viven “en” y “con” la naturaleza, y procuran desarrollarse plenamente como personas procurando para el efecto “ser “. Buscan el “tekokatu”, que es el estado de plenitud o perfección. No son personas materialistas son más bien espiritualistas. Cuando necesitan alimentarse la madre naturaleza les provee, cuando están cansados y desean dormir -sin más trámite- duermen. No conocen el surmenaje, el estrés o la hipertensión arterial. No cumplen horarios de oficina. Conocen profundamente los “secretos”, la perfección y belleza de la naturaleza. Viven “para ser”. Para ellos la cuestión no es vivir para tener sino “vivir para ser”.

Por último y, a fuerza de ser sinceros, debemos decir que en el paraguayo pesa más la raíz Guarani que la Occidental. Talves, los grandes centros urbanos (Asunción y alrededores, Ciudad del Este, Encarnación, Pedro Juan Caballero, Villarrica) tengan, en la actualidad, más de los occidental, pero el resto del país se identifica mucho con lo guaranítico.

2. DESARROLLO – HETEPY

A los efectos de demostrar que el paraguayo posee una idiosincrasia o identidad definida, es que seguidamente referiremos a algunas de las “maneras propias de ser” nuestras. Así:

EL IDIOMA – GUARANI ÑE’Ê

Por más represiones (físicas y psíquicas) que sufrió el Guarani-hablante, éste sigue siendo mayoría en el Paraguay, y por consiguiente, un elemento vital para el análisis de la idiosincrasia pasa por el reconocimiento de ese hecho: en el paraguayo hay más de Guarani que de Castellano.

El Idioma Guarani es el idioma de la mayoría. En ese sentido cabe señalar que el 87% de la población del Paraguay habla o entiende Guarani. El Guarani -al decir del Paraguayo- está en todas partes.

El Guarani está en los discursos de los políticos; es más, si alguno de ellos no lo habla, está condenado al fracaso. Asimismo, el Guarani está en las marchas y manifestaciones de los sindicatos y gremios de trabajadores y campesinos, reivindicando sus derechos y dignidades. Asimismo, es el vínculo común entre pacientes y profesionales de la salud, pues un médico o paramédico que no conoce las variadas plantas medicinales y sus usos, o no conoce las “patologías” como el kambyryrujere, ohéo, py’aruru, etc. no podrá ejercer con éxito la profesión. El Guarani es también el más fuerte factor de comunicación agropecuaria, que es el sector mayoritario de nuestro país en materia de producción. Es imposible hablar en el campo, brindando orientaciones en castellano. Desde las antiguas prácticas de siembra y cosecha hasta el uso de la tecnología. Todo se entiende, pero únicamente en Guarani.

Asimismo, el Guarani manifiesta su vida a través de las fiestas populares y patronales. Ya en el San Juan ára (tata ári jehasa, kambuchi jejoka, yvyrasŷi), o en la Semana Santa (en el purahéi asy de los estacioneros, en el pindokarai, tupâitû, tupâsy ñuĝuatî, chipa). El Guarani sigue vivo en cada palabra y en cada proceso desarrollado por los artesanos del país (karanda’y, poivi, ao po’i, ñanduti). Asimismo, la artesanía culinaria del Paraguay se caracteriza por su variada nomenclatura Guarani.

El avañe’ê está en la misa y en los sermones de la iglesia, de esa misma iglesia que hacia el año 1500 se dio cuenta que solo podría evangelizar en Guarani. Del mismo modo, el Guarani está en los medios masivos de comunicación (radioemisoras, diarios y teledifusoras); lo mismo que, en la promoción publicitaria, inclusive de grandes marcas internacionales que encuentran en él un interesante medio para obtener más y mejores ingresos. Hoy también el Guarani está en las Universidades del Paraguay e igualmente es muy utilizado por los deportistas y por artistas y personalidades internacionales.

Y aunque parezca una ironía, el Guarani está inmerso en la sintaxis del “castellano paraguayo”. Es imposible encontrar un paraguayo que alguna vez no dijo “venína”, “habláleke”, “quepiko querehína vo”, “le pegó debaldeite”, “de gua’u nomáko te dije”, “yo niko no sabía lóo”. Hemos incorporado a nuestro Castellano el un poco, que no es más que la traducción del sufijo Guarani mi (ejumi = vení un poco) o la expresión si que, que es la traducción del sufijo Guarani katu (oúkatu = vino si que).

EL CORAJE Y LA AUDACIA

“Paraguái ndoguevi” dice un ñe’ênga aludiendo al coraje y la audacia de nuestros compatriotas. Nada es imposible para nosotros. En esos casos solemos decir “i-costilla pa’û va’erâ” o “ndaipóri irremedio’ŷva, solamente la muerte ha ko’êmbota la nairremedioiva”.

El paraguayo estuvo expuesto, a lo largo de su historia, a un sinfín de situaciones adversas casi insalvables. Dos guerras, varias revoluciones y otros fenómenos perjudiciales de la naturaleza pareciera que le templaron el espíritu. Por ejemplo, en la Guerra del 70 nos enfretamos a tres poderosos ejércitos, y en la Guerra con Bolivia nuestros combatientes llevan las de perder debido a la gran diferencia, en contra, en relación a los implementos bélicos. El paraguayo sustituyó con el coraje y la audacia, esa diferencia. A ese efecto, solo basta recordar fragmentos de los versos épicos de Emiliano R. Fernández, quien en “13 Tujutî” dice:

Ro’atamahágui tesaraietépe

Peteî ko’ême roñeñanduka

Roheja haĝua ore ra’yrépe

Pedestal de gloria oma’ê haĝua

Oreave avei paraguayetéva

Soldado ja’érô urunde’ymi

Ndaha’éivante rojalavaséva

Noroikotevêi ñererochichî

Mi comando Irra hendive Brizuela

Mokôivevoi aña mbaraka

Ha el león chaqueño ijykerekuéra

Mayor Caballero ore ruvicha

Cachorro de tigre suele ser ovéro

Mácho ra’yre machíto jey

Oime kuatiápe 20 de enero

Peneñongatu peê mbohapy

Otro pitopu Nanawa de gloria

Héra opytáma mandu’arâmi

Oscribí chupe ipyahúva historia

Tamoñarôkuéra Trece Tujutî

Tuguyeta apytépe ou la victoria

Regimiento trece-pe opukavymi

Áĝa ikatúma he’i la historia

Ndopamo’âiha raza Guarani

El paraguayo nunca pierde. En los chistes del “paraguayito”, éste siempre sale ganancioso. Somo capaces de todo. Ganamos aunque sea “experiencia”, pero ganamos siempre.

LA PACIENCIA Y LA PERSEVERANCIA

“No hay apúro he’i kure mboguataha”, dice un ñe’ênga. Otro sentencia “mbeguekatu mbói jo’ópe”. Otro manifiesta “Ndache’órai aguaséroicha”. Esta introducción mediante los ñe’ênga, nos asocian a otra de las “cualidades” del paraguayo: su extraordinaria paciencia. Aguanta todo. En el interior, las grandes lluvias clausuran los caminos por varios días, y el paraguayo reacciona sencillamente con un “mba’éipiko jajapóta”. Por otra parte, esa paciencia se pone de manifiesto en sus propias actividades, entre ellas, las artesanías. Así por ejemplo, la preparación del ñanduti, el ao po’i, etc. son labores que requieren un espíritu decidido y firme ya que son trabajos que llevan mucho tiempo y demuestran la puntillosa paciencia que engalana la idiosincrasia del paraguayo.

LA NOCIÓN DEL TIEMPO

Para el paraguayo la “hora” no existe. Es capaz de iniciar algo antes de la hora o después de la hora, pero nunca en la hora señalada. Para el paraguayo no existe la hora. Cuando uno le pregunta a alquien “qué hora es”, la respuesta en Guarani no se hará espera con un “asajéma” o “iñipytûma”. Ese “asajéma” puede ser las 11, las 12 o las 13, pero nunca será puntualmente algo como las 12 horas, 20 minutos, 10 segundos, que es lo que -en la sociedad occidental- precisamos como respuesta. Nunca olvido una anécdota. Me ocurrió en la zona del Guaira, donde por falta de ómnibus tuve que quedar a pernoctar en la casa de unos amigos. Antes de dormirnos la dueña de casa me pregunto “mba’e hora piko rehóta”, y le respondí “ahase niko ikatúrô las seis”, y la señora me señaló “upéicharô niko rehóta al alba”. Yo le volví a insistir “a las seis niko ahase” y ella me volvió a decir “ha al alba niko upéicharô rehóta”. No hubo caso de entendernos. Yo manejaba la hora occidental y ella el tiempo Guarani.

El paraguayo no tiene apuro por nada. Le interesa vivir el “hoy”, el “ahora”. No le preocupa el mañana. Y eso coincide con la manera de ser Guarani, pues “ko’êrô” quiere decir “sí amanece”, es por ello que al despedirnos decimos “jajoecháta ko’êrô” (nos volveremos a ver siempre y cuando amanezca). De ahí pues que a los paraguayos no nos preocupamos mucho el porvenir.

LA CONMISERACIÓN

El paraguayo es muy solidario. Le gusta servir. Se aprecia a la persona “servicial”. Por eso muchos dicen “jajevale porâ hese”. Es muy humano. Siente compasión por todos. Le gusta tratar a todos con la expresión “anga”. Es común escuchar que alguien diga “ou’anga”, “he’i’anga”, “ogueraha’anga”, “ndoikuaai’anga”. Hasta es capaz de decir “oporojuka’anga”. Esa expresión pasó a nuestro mundo occidental como “vino anga”, “no sabía anga”, “le dijo anga” o “pobre (cito) anga”.

PODER DE OBSERVACIÓN Y LOS ÑE’ÊNGA

Efectivamente, el paraguayo es un profundo observador de su habitat y de sus semejantes, “virtud” que se pone de manifiesto cuando él le pone algún marcante a alguien. Podríamos decir que “le da en el ojo”. En ese sentido, conviene citar a modo de ejemplos, algunos marcantes como: kavaju rembe, kururu, gallo perô, guyra tavy, jaguarete, jatevu, jagua’i pakéte, ka’i o jagua perô.

Por otra parte, los refranes o ñe’ênga también nos demuestran su notable poder de observador, pués los ñe’ênga son productos de su continua observación. He aquí algunas muestras:

Arriéro akâne fóforo.

Arriéro guata chíki  chíki vúrro.

Arriéro rembe puku kavaju uhéi.

Arriéro juru akua ñati’û kavaju.

Aña ajura jare kosina horkón.

Aña pyta jeka lagunakue.

Arriéro sin esperanza ĝuaiĝui rumby.

Arriéro rekorei lápi de color morotî.

Arriéro tavy pira laguna.

Arriéro akâperô avatisoka.

Arriéro juruméme kaseróla.

Arriéro rova cha’î pláta alkansía.

Arriéro rekorei avión vosína.

Arriéro piru jagua jyva.

Derécho guasu mbokaja mátaicha.

Ekopéta kañóicha ijurune.

Ĝuaiĝui vai estribo yvyra.

Huguaitépe chipa roráicha.

Ho’ysâ porâ lasánima pypytéicha.

Iñakâraku gorra lánaicha.

Ikarêmba sevo’i rapéicha.

Irretovádo ñakanina kurúicha.

Ijay tâi rasýicha.

Ijyva puku mboriahu membýicha.

Ipotî hasy manduvi tyguéicha.

Itíro porâ naranha akýicha.

Jagua piru ñenóicha iguélta heta.

Kuña retýma karê kavaju kalesíta.

Kururúicha hopepi ruru.

Kure rembi’úicha ndojerrepetái.

LA MENTIRA PIADOSA

Podemos afirmar también que el Paraguayo, en su idiosincrasia, inconscientemente tiende a mentir, pero no miente de mala fe o con intenciones de perjudicar. Podríamos decir que miente piadosamente. Concretamente, a una necesaria respuesta negativa contrapone, faltando a la verdad, una respuesta afirmativa o positiva.

Por ejemplo, a la pregunta “mba’etekópiko”. La respuesta usual es “iporâ” o “iporâminte” o “tranquilopa” o “ña’aguata”, o “ña’enrreda” o “ninaiñeperánsai la ivaívo”, etc, cuando que en realidad él o ella están pasando por una dificilísima situación, rayando a la muerte inclusive.

Asimismo ocurre con la expresión “jahápy” cuando alguien se nos cruza. La respuesta que no se hara esperar dira “aĝaitéma” o “en seguida” o “tereho katu nde, aĝaitéma rohupytýta”, cuando que en realidad ni siquiera tenemos la más mínima intención de ir con aquel semejante.

Igual cosa ocurre cuando, sobre todo en el interior, preguntamos a alguien sobre la distancia de un lugar. La respuesta seguramente será “apete”, aunque el lugar de marras quede a tres leguas de aquel sitio.

Del mismo modo, cuando decimos “veni un poco”, “llevále un poco” o “escribíle un poco”, en realidad queremos que venga “todo”, que lleve “todo” o que escriba “todo”.

Idéntica situación se plantea cuando algún vendedor se aproxima a nuestra vivienda a ofrecernos alguna mercadería, y en lugar de responderle con la negativa, preferimos decir “otro día”. El vendedor paraguayo sabe que eso en realidad quiere decir “no quiero”.

EL LENGUAJE DE SEGUNDO PLANO

El item anterior tiene una gran vinculación con éste, pues el paraguayo no se refiere al hecho o a la persona o al asunto por su nombre; prefiere referirse al tema por medio de expresiones de rodeo, a través de metáforas si se quiere.

Entre nosotros queda mal decir de alguien que es un “borracho” o “ka’u”, es más, el afectado no aceptará ese trato. Entonces es preferible decir que alguien está “tuichaite ýre”, “tuichaite lembúre”, “tuichaite trónkore”, “ijuru tata”, “hembe’a”, “hetyma tavy”, “ojatapy ipy’áre”, “omokô”, “opichoro”, “opukapareíma”, “ovavajeýma”, “tuichaite tesa rendyre”, o mejor “tuichaite tatáre”.

Tampoco nos gusta aludir a la muerte o “mano”, porque eso “atrae” a la muerte. Es preferible decir “ñandereja”, “opoti”, “amóntema”, “hekovejei”, “hesa árima monéda”, “hevipéma”, “ipypyte sa’yjúma”, “itenondéma ñanderehe”, “kapútima”, “ohejáma ikuchára”, “ohóma Ñandejára pikétepe”, “okali’u”, “oñehundíma”, “osapymíma”, “ombojoja ikupy”, “ndohechavéi ipysâ guasu”, “ojehekýi”, “oĝuahê i-líño ru’âme”, o bien “opurahéi himno nacional oñenoháme”, etc.

Del mismo modo, refiriéndonos a la acción de “comer” o “karu”, solapadamente somos capaces de decir: “omongy’a hâi”, “ohupi mbarete”, “oime mesápe hovasyhína”, “ojejuru’o”, “ojoka ñepyrû tye”, “ojuka vare’a”, “omatulea”, “ombovy’a sevo’i”, “oterere rupa”, “omomba’apo hañykâ”, o bien “opikoteahína”.

También, refiriéndonos a alguna “pelea” o “ñorairô” irrumpimos usando sinónimos como: “ho’uka ojupe mokéte”, “ojejoko ojojurúre”, “ojohavira”, “ojohete pichy”, “ojosokea”, “ojojuhu tapepo’ípe”, “ojotyvyro hikuái”, “omboruru tova”, “oñembosarái ojuehe”, “oñokarâi”, “oñombohete ru’û”, “oñombohuguy raku”, “oñomoakâky’o mokétepe”, “opu’â oñoakâre”, “otantea i-kuerpíto”, o bien “o-reparti ojupe po apu’a”.

Asi también, y en un castellano paraguayo, nos gusta “blanquear” (legalizar) un auto “mau” (ilegal). También decimos que algún conocido tiene una cuenta corriente “en negro”, o que hay que “aceitar” a algún funcionario o gestor.

OTRAS MANIFESTACIONES DE NUESTRA IDENTIDAD CULTURAL

A las maneras propias de ser enunciadas debemos agregar otras muestras de nuestra identidad que son como una “marca de fuego” en cada uno de nosotros, así: las artesanías (karanda’y, ao po’i, poyvi, ñanduti, ovecha rague, etc), las fiestas tradicionales y patronales; los mitos, leyendas y cuentos, la música y la danza, las variedades gastronómicas, y el terere, etc.

3. CONCLUSIÓN

Suelo escuchar a mucha gente que con gran alarma manifiesta que ya perdimos nuestra idiosincrasia o nuestra identidad cultural, o en el peor de los casos, que estamos en vías de perderla. Así también, muchos artistas -músicos sobre todo- hoy día al carecer de espacios donde exponer su arte, con justa razón señalan que nuestro folklore está en decadencia. Sin embargo, nosotros que nos dedicamos a la promoción de la cultura popular en la educación, hoy asistimos a un tiempo interesante donde nuestros niños y jóvenes son orientados en el conocimiento, la valoración, y la práctica de nuestra cultura popular, durante todo el año escolar, no solo en el día del folklore o del Idioma Guarani.

Es más, ante la celebración del Bicentenario del Paraguay, la ciudadanía de todo el país solicitó que los festejos den preferencia a las manifestaciones folklóricas y al Idioma Guarani y efectivamente, en gran medida, eso se ha cumplido, pues hemos visto mucho de las manifestaciones folklóricas y el Idioma Guarani en las diferentes celebraciones.

Por ello, podemos afirmar que está en marcha un movimiento nacional que involucra particularmente a docentes y estudiantes, y a muchas instituciones y medios masivos de comunicación, en la tarea de salvaguardar y difundir la cultura popular. Pero este movimiento nacional no es fruto de la casualidad, sino de un trabajo organizado que algunas instituciones, la mayoría de gestión privada, vienen encaminando desde hace muchos años en forma sostenida.

En el caso que particularmente me afecta, debo referirme a la gestión incansable del ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI que hoy puede observar parte de los resultados positivos de su labor, pues a 25 años de su creación, con casi veintitrés mil Profesores de Lengua Guarani y una respetable cantidad de Licenciados, Magísteres y Doctores formados, promueve el estudio, la investigación, la recopilación, la valoración y la difusión de la cultura folklórica paraguaya, por todos los medios posibles: cursos, seminarios, talleres, concursos, festivales, etc, a nivel nacional e internacional.

Lo interesante de la experiencia es que esos egresados (profesores, licenciados, magísteres y doctores) corresponden a un sector estratégico de nuestra sociedad, pues son docentes, directores, supervisores de escuelas, colegios, institutos de formación docente y universidades o son comunicadores, sacerdotes, concejales municipales y departamentales, directivos de instituciones sociales (clubes, cooperativas, movimientos campesinos y obreros); en síntesis, son líderes comunitarios suficientemente concientizados acerca del valor real de las manifestaciones de nuestra cultura popular. Son ellos los responsables de ese renacer que el folklore, gradual y progresivamente, vuelve a tener en niños y jóvenes.

Así también, se deben resaltar los numerosos emprendimientos culturales, como la constante realización de festivales artísticos. Por otra parte, las diferentes expresiones artesanales son más promocionadas, a partir de sus propios creadores que en la actualidad incluso se hallan agremiados en varias entidades y participando de todas las exposiciones que continuamente se realizan. También existen varias entidades que promueven la cultura popular en el interior.

De hecho, en el mundo existe actualmente, pese a la globalización, una tendencia a recuperar la “identidad cultural”, la “cultura popular” o la “idiosincrasia”; además de difundirla, fortalecerla y protegerla. Ésto recomiendan organismos internacionales como las Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos. También nuestra Constitución Nacional, el Tratado de Asunción, la Ley General de Educación, la Ley de Lenguas, entre otros, garantizan a nuestros hijos la posibilidad de volver a “ser paraguayos”.

El Paraguay tiene su “ñande reko”, y al celebrar el Bicentenario, esa identidad es visible en todas partes; sin embargo, no debemos cejar en su promoción, difusión y fortalecimiento.

¡FELIZ 200 AÑOS PARAGUAY – VY’APAVÊ 200 ARÝRE PARAGUAY!

 

 


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