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Guarani

EL SAPO Y EL PRIMER FUEGO

ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI

Maitei horyvéva opavavépe

David Galeano Olivera

 

EL SAPO Y EL PRIMER FUEGO

Leer (hacer clic) en: http://cafehistoria.ning.com/profiles/blogs/el-sapo-y-el-primer-fuego

Leer también en: http://dgaleanolivera.wordpress.com/el-sapo-y-el-primer-fuego/

 

              Se cuenta que antiguamente los primeros guaraníes no tenían fuego, sufrían mucho en tiempo de frío y vivían comiendo sólo frutas silvestres porque no podían cocer sus alimentos.


 

 

              Algunas veces secaban la carne al sol por varios días y así, crudo, se lo comían. Pero cierto día un pequeño colibrí les trajo la noticia de que los Urubú (Yryvu) poseían el fuego y les comentó sobre la manera como ellos utilizaban el fuego para cocer sus alimentos.


              Los guaraníes, en una gran reunión, decidieron enviar a uno de los más expertos guerreros para robarse el fuego de los Urubú (Yryvu), pero éste fracasó quemándose las manos cuando intentaba coger las brasas ardientes, lo propio le sucedió al segundo enviado, el señor Yeruti (una especie de paloma de color ceniciento), que intentaba prender en el extremo de su larga cola un poquito de llama e ir volando hasta los pastizales más cercanos para provocar un incendio, pero el plan no le funcionó porque las llamas de su cola crecieron tan rápido que no le dio tiempo para alcanzar los pastizales. El pobre Yeruti, viéndose envuelto en llamas se lanzó de picada al primer río que encontró. Dicen que por eso el Yeruti tiene la cola muy cortita y su hermoso plumaje de vistosos colores se volvió ceniciento, como lo es ahora.


               Los fracasos sumaban y la preocupación cundía en toda la población. Fue entonces cuando el señor Kururu (sapo) se ofreció voluntariamente a enfrentar el desafío y pidió que le acompañara Kuaray (el sol) Cuando llegaron al territorio de los Urubú (Yryvu), el joven Kuaray dejó caer su cuerpo en tierra fingiendo estar muerto, cerca de ahí Kururu observaba oculto entre los matorrales. Los hambrientos Urubú (Yryvu), viendo desde las alturas el cuerpo de Kuaray, gritaron de alegría y descendieron tan pronto como pudieron. Rápidamente sacaron de sus bolsas unas piedritas que producían chispa para encender sus fogatas, pero...


               -¡Un momento, no se apresuren!- les reprendió uno de sus jefes, antes debemos examinar si realmente este sujeto está muerto.


               Llamaron inmediatamente al señor mosca, experto en este tipo de diagnóstico, quien comenzó su labor introduciéndose por la boca y saliendo por las fosas nasales, luego por una de sus orejas para salir por la otra... Kuaray hacía el máximo esfuerzo para contener la respiración.


                Para satisfacción de los presentes, el señor mosca dijo:

-Señores, efectivamente el sujeto está muerto ... ¡Que comience la fiesta ...!

Los Urubú (Yryvu), encendieron la hoguera y comenzaron a danzar alrededor de la misma mientras tomaban su licor de frutas, momentos que ... aprovechó para empujar con su pie un pedazo de brasa que el sapo tragó, no sin antes suministrarse una gran cantidad de aire en su estómago y se escapó dando gigantescos saltos hasta llegar al lugar indicado donde arrojó la brasa y prendió el fuego. De esa manera los primeros guaraníes tuvieron fuego. Por eso cuando un sapo es molestado por los niños, éste se infla para recordarles lo hizo para robarse la brasa de los Urubú (Yryvu) y que gracias a él sus primeros abuelos tuvieron fuego, por eso los ancianos recomiendan respetarlo mucho.


            Leer original en: http://www.bibmondo.it/att/luna/doc/fav1-es.html

 

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LA MANERA EN QUE ORIGINALMENTE HUBO FUEGO EN LA NUEVA TIERRA

(Extraído del libro “Ayvu Rapyta” de León Cadogan)

              Una vez creada la nueva tierra, el Creador mando a Pa-pa Mirî que hiciera obrar con su propia sabiduría a los Mbyas, “los que portan el adorno de plumas”. Pa-pa Mirí concibió como primera obra proporcionar el fuego a los hombres. Ayudado por el sapo robó el fuego a los buitres, fngiéndose muerto. Como los buitres no respetaron lo que creían el cadáver de Dios, los condenó Nuestro Padre a alimentarse de carroña y a no llegar jamás a alcanzar la vida perfecta.


La tierra de Nuestro Primer Padre ya se ha deshecho;

ha surgido ya la nueva tierra.

“Bien, mi hijo, ve a la tierra, tú, mi hijo Pa-pa Mirí.

Tú de tu propia sabiduría conocerás

a los que llevarán la hermosa insignia de la masculinidad.

En cuanto conozcas el adorno de plumas

llevarás mi palabra y la harás obrar en la tierra.

Solamente en virtud de ella sabrás qué hacer en la tierra”

dijo nuestro Primer Padre.

Extendiéndose ya (ante la vista) su tierra,

habiéndola él creado y puesto en su debido lugar,

concibió él la labor a que debiera dedicarse;

qué es lo que debía enseñar a quines llevan el adorno de plumas.

Y demás habitantes distintos de la tierra,

divulgándoselos para que lo supiesen.

Habiendo descendido a la tierra,

lo primero en que pensó fue la provisión de fuego.

—El primer trabajo que conoceré es la provisión de fuego -dijo.

Por consiguiente, mi mensajero, mi hijo sapo,

yo fingiré estar muerto,

a fin de que los que se levantaren contra mí

practiquen en mí sus malas artes (prácticas vedadas).

Solamente ellos tienen fuego en la tierra;

esto deben tenerlo los mortales

para que nuestros hijos que permanecerán en la tierra

tengan conocimiento de él.

Yo fingiré estar muerto,

a fin de que el fuego de los que se levanten contra mí

sea para nuestros hijos.

Bien, mi hijo sapo, ponte al acecho;

cuando yo me sacuda, esparciré el fuego;

lo tragarás en cantidad.

Habiéndose acostado, extendiéndose,

supo nuestro Primer Padre que su hijo había muerto.

Por consiguiente, al futuro buitre (dijo):

—Bien, ve, mi hijo; veo que mi hijo está muy grave;

por consiguiente, ve y resucita a mi hijo.

Vino el futuro hijo y vio el cadáver; vio que era bien gordo.

Encendió fuego (en dicho lugar) para asarlo

juntamente con sus compañeros.

Trajeron leña, encendieron fuego sobre él;

entonces se sacudió Pa-pa Mirí.

Entonces interrogó a su hijo el sapo.

—No he tragado —dijo.

Volvió a acostarse, extendiéndose y fingiéndose estar muerto;

los que se alzaban contra él volvieron a juntarse,

recogieron leña, volvieron a encender fuego;

se sacudió nuevamente nuestro Padre.

Volvió a interrogar a su hijo el sapo.

—Esta vez, efectivamente, he tragado en cantidad… un pedacito así.

—Bien, en ese caso, sacúdalo mi hijo para uso de mis hijos.

Para el efecto, arrójalo aquí.

Habiéndolo arrojado:

—Ve a traer madera para dejar en ella el fuego —dijo.

Trajo un gajo de aju’y joa (laurel).

—Bien, ahora arrójalo aquí;

para arrojarlo trae mi fecha con su punta —dijo.

Habiéndolo arrojado,

lo depositó en el aju’y joa, dejándolo allí.

Para compañero de aju’y joa, trajo el bejuco subterráneo;

en él también lo depositó.

En ellos, en ambos, depositó el fuego

para los buenos portadores del adorno de plumas

para que quedase fuego para los habitantes de la tierra.

Después de estas cosas,

volvieron los futuros buitres ante nuestro Padre.

Sabiendo nuestro Padre que habían asado el cuerpo, dijo:

—Id vosotros y convertíos en seres

que no respetaréis la casa grande (cadáver).

Lloraron los buitres;

porque en ninguna manera alcanzarían la vida perfecta, lloraron.


            Leer original en: http://es.scribd.com/doc/30980585/Leon-Cadogan-Antologia-de-literat...

 

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            Leer El Kururu (sapo) en la Cultura Guarani y Paraguaya (http://cafehistoria.ning.com/profiles/blogs/el-kururu-sapo-en-la-cu...), de David Galeano Olivera

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