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12 de octubre: miseria, reducción, muerte, luto... nada que festejar

12 DE OCTUBRE: MISERIA, REDUCCIÓN, MUERTE, LUTO… NADA QUE FESTEJAR

Por: David Galeano Olivera ( * )

 

               
Se aproxima un nuevo 12 de octubre. En varios países y ciudades de
América y del mundo, se recordará y celebrará lo de siempre: el “Descubrimiento
de América”
, el “Encuentro de dos mundos”, o el “Día de la raza o
la hispanidad”
, etc; sin embargo, para otros -que no tienen voz- será la
recordación del eterno retorno al prinicipio de la miseria, de la
reducción, de la muerte y del luto. Para éstos no hay nada que festejar.

               
17 Parcialidades Indígenas -según otros 19- sobreviven en condiciones
infrahumanas en el Paraguay y que equivalen a unos cien mil últimos
Indígenas
(casi el 1,5% de la población total del país). A su vez, la mitad
de las 17 parcialidades tienen menos de mil últimos miembros; siendo el caso
más crítico, el de los Chamakokos que no pasan de 150 últimas personas, que
-por consiguiente- están en la línea de la muerte; en otras palabras,
próximos a un brutal etnocidio.

               
De hecho, la historia no se puede cambiar. También, sabemos muy bien que ya
mucho se escribió sobre la cuestión; sin embargo, no podemos dejar pasar esta trágica
fecha
sin -por lo menos- hacer unas breves consideraciones sobre esas
cuatro palabras (miseria, reducción, muerte, luto). Las cuatro palabras son
concepciones humanas que, sin embargo, encierran ideas y acciones totalmente
inhumanas sistemáticamente aplicadas hasta hoy con las Comunidades Indígenas.

               
Hoy podemos recorrer el Paraguay y fácilmente podríamos descubrir sin hacer
ningún esfuerzo, quienes son índigenas y quienes no. El indicador más sencillo
será la MISERIA y sus diversas manifestaciones: indígenas
expulsados de sus tierras, mendigando en los bordes de aquellas propiedades que
alguna vez les pertenecieron; o bien, miles de indígenas mendigando en las
calles de los centros urbanos; vestidos precariamente, expuestos al calor, el
frío y la lluvia, con toda clase de enfermedades, “viviendo en la calle” sin
viviendas propias y dignas de los seres humanos; comiendo porquerías; y una
gran cantidad de ellos, ejerciendo la prostitución y sometidos al alcohol, el
tabaco y la droga. Para completar -lejos de generar por lo menos la
conmiseración de la sociedad- hoy se ganaron apelativos como “sucios”,
“puercos”, “ignorantes”, “salvajes”, “zánganos”. Después de lo expuesto, no
creo que exista otra imagen que esa, que describa con tanta perfección e
inhumanidad a la miseria. Ningún gobierno, incluido el actual, aplicó
política alguna a favor de la dignificación de la vida de los seres humanos que
componen las Comunidades Indígenas. Sin embargo, todos prometieron el “oro y el
moro” durante las campañas proselitistas. En Paraguay, nadie hizo nada, salvo
algunos intentos de algunas organizaciones no gubernamentales, constituyéndose
en honrosas excepciones pero que no hacen la regla. ¿Y
para qué sirve el INDI
(Instituto Nacional del Indígena) en su condición
actual?, pues… para nada. Incluso los propios indígenas no se dan cuenta
de que esa institución, sumida en la más absoluta precariedad y abandono,
nunca será la solución a las necesidades indígenas. La problemática
indígena es tremendamente complicada y para su solución requiere de sumas
varias veces millonarias; y -a fuerza de ser sinceros- eso dinero el Paraguay
no lo tiene. Es más -siendo más sinceros aún- la problemática Indígena no
fue y no es la prioridad del Estado
. Esta afirmación nos conduce a una
conclusión “difícil de digerir” pues parece que ya no existe ni
existirá solución para los problemas indígenas
. El INDI es apenas una burda
excusa
para mentir a los indígenas y mantener por algún tiempo más la “ilusión”
de ellos de acceder a una vida digna y sobre todo de volver a vivir a
sus anchas; es decir, como vivían antes de la llegada de los conquistadores.
Lastimosamente eso, en las condiciones actuales, ya no será posible. La
situación se volvió insostenible. Ellos ya no pueden ni podrán
reunirse en su templo a cumplir con su ritual del ñembo’e jeroky.
Las sonajas y las takuaras ya no pueden sonar. Ya no pueden beber su kaguy
(chicha). Ya no pueden reunirse en asambleas. Ya no pueden cumplir regularmente
con ninguno de esos ancestrales principios sagrados y comunes a prácticamente
todos ellos. Y pensar que esos principios son la razón de sus vidas. Hace
tiempo que los Indígenas comenzaron a borrarse y a sobrevivir en esta
amenazadora oscuridad. Se hicieron invisibles a nuestros sentidos (están
pero no están), de ahí que nosotros nos hicimos insensibles a sus padecimientos
.
  

               
Ni los judíos, ni los negros, ni los que padecen cáncer o VIH, etc. han sido
tan discriminados y menospreciados como lo han sido las comunidades
Indígenas; y no existe peor forma de REDUCCIÓN que aquella que se
genera precisamente en la discriminación y el menosprecio. La reducción abarcó
sus tierras, sus religiones, sus culturas y en particular sus lenguas. Los
conquistadores, en nombre de Dios y del Rey, asesinaron a millones de Indígenas;
y los que sobrevivieron a la hecatombe fueron violados, esclavizados y
sometidos a toda clase de trabajos forzados. Luego, los misioneros se
encargaron de proseguir con la otra reducción, la religiosa, la de la cruz; que
también fue violenta, sanguinaria y trágica. Los pocos indígenas que hoy
sobreviven son sometidos a la reducción de los latifundistas, de los
agrotóxicos y de la degradación ambiental
, que constituyen la cara moderna
pero perversa de la reducción y de la muerte. Mientras unos cuantos poderosos
exponentes de la sociedad alardean mencionando que la agroindustria (la soja,
sobre todo transgénica) es la mejor herramienta que permite pagar la deuda
externa
, cientos de inocentes Indígenas y no indígenas están siendo
contaminados criminalmente. Hoy las comunidades
indígenas ya no son dueñas de aquellas tierras que tiempo atrás eran de su
propiedad. Ellos fueron expulsados de sus tierras por esta jauría de mercaderes
de la naturaleza
. Hoy, los pocos que quedan, sin los animales
silvestres, sin sus árboles y enormes bosques, sin la miel, sin los cursos
cristalinos y sanos de agua; se ven obligados a volcarse a la gran
ciudad para mendigar un pedazo de pan. Nadie les tiene consideración.
Son poco menos que animales.

               
La MUERTE
es el final de todo. Es duro admitirlo, pero
la muerte es desde hace más de 500 años la compañera
indeseada, implacable y terrorífica
de los pueblos indígenas. Ancianos,
adultos, jóvenes y niños mueren diariamente. Mueren por causa de la
indiferencia, mueren por causa del odio, mueren por causa de las ambiciones,
mueren por causa de la ostentación del poder, mueren por causa de las armas,
mueren por causa del glifosato y otros agrotóxicos, mueren por causa de la
deforestación y de otras formas de degradación ambiental, mueren por causa de
la contaminación de los ríos, arroyos y otros cursos de agua, mueren por causa
de los grandes y despiadados terratenientes que arrasan sus comunidades, mueren
por causa del hambre, mueren por causa de la falta de solidaridad, mueren por
causa de las enfermedades, mueren por causa de sed, mueren por causa de la
falta de alimentos, mueren por causa de otras religiones y por causa de
fanáticos religiosos, mueren por causa de políticos inescrupulosos que
manipulan sus votos, mueren por causa de cientos de ONGs que lucran con sus
necesidades. También mueren porque ya no tienen su opy (templo), mueren porque
ya no pueden hacer sonar sus takuara y sus sonajas, mueren porque ya no pueden
realizar su ñembo’e jeroky, mueren porque ya no pueden preparar ni
consumir su kaguy, mueren porque ya no pueden usar sus jeguaka o akângua’a
(vincha), sus mbo’y (collar), sus tembeta o sus namichâi (aros); mueren porque
ya no pueden decir las palabras sagradas (ñe’êngatu); mueren porque la
tierra que según ellos no tiene dueño, ahora si lo tiene; mueren porque los
animales que según ellos no tienen dueños, ahora si los tienen; mueren porque
las plantes que según ellos no tienen dueños, ahora si los tienen; mueren
porque ya no tienen sus asientos en los fogones, y mueren porque ya no tienen
sus tekoha (aldeas) y por consguiente ya no pueden reunirse cotidianamente para
agradecer a Ñande Ru por cada nuevo día que amanece, por las hermosas
flores, por el dulce canto de las aves, por la gratificante circunstancia de
vivir un nuevo día con amor, justicia, solidaridad, alegría; en síntesis,
progresar en la búsqueda del tekokatu (vida plena).

               
La miseria, la reducción y la muerte
nos conducen al cuarto término: LUTO. En efecto, el luto es la más
significativa de las cuatro palabras, ya que implica dolor y tristeza; que es
lo único que inspira este 12 de octubre. De manera hipócrita, en esa
fecha escucharemos, una vez más, unas cuantas poesías, una andanada de promesas
o algún lacrimógeno compromiso de buenas intenciones pero que solamente forman
parte de la rutina de la fecha. Habrán actos a favor y en contra, cuatro o
cinco Indígenas serán entrevistados por la radio y la televisión; algunos
medios impresos les dedicarán no más de media página; las ONG publicarán algún
pronunciamiento o manifiesto; en las escuelas y colegios se les recordará a los
alumnos que “los indígenas son nuestros hermanos” y en su “homenaje” leerán en
los libros alguna miserable y breve alusión a los indígenas. Leerán que los
Indígenas “habitaban”, “recorrían” y “se alimentaban”… pero todo en tiempo
pretérito
pues todos los libros escolares -que sirven para educar- ya dan
por muertos a los indígenas, es decir, ya fueron.

 

Me hubiera gustado escribir un texto más optimista, más agradable y sobre todo más
humano pero es imposible. Las circunstancias no dan para eso. La situación es
crítica. Hace mucho tiempo que el ATENEO DE LENGUA
Y CULTURA GUARANI
viene denunciando los padecimientos que sufren los
hermanos Indígenas que habitan el Paraguay, pero nadie escuchó nuestros
lamentos. Hemos aportado lo que pudimos. Procuramos crear conciencia en la
ciudadanía al respecto, ya sea en reuniones, congresos, instituciones
educativas, y en Internet (varias de nuestras denuncias han sido reproducidas
en numerosos sitios de todo el mundo). El ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI
no tiene los recursos; en otras palabras, no tiene dinero, solamente está
imbuido de buenas intenciones. Lastimosamente, en esta problemática las buenas
intenciones no sirven para nada.

 

Es urgente y perentorio que las autoridades nacionales hagan algo
a favor de los Pueblos Indígenas; ya que si eso no ocurre, el fin
de los tiempos se acercará más raudamente a ellos
. Los Indígenas
están tocando fondo y eso es trágico
. Por eso digo, así como están las
cosas:
12 de octubre: miseria, reducción, muerte, luto… nada que festejar.

 

(*) Profesor universitario. Presidente (Director General) del ATENEO DE LENGUA Y CULTURA GUARANI. Docente de
Lengua Guarani. Escritor bilingüe. Traductor público

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